martes, 1 de septiembre de 2015

Empecemos por: ¿Quien soy?

    Para ser sincera, creo que una de las cosas mas difíciles en este mundo es responder a la pregunta: ¿Quién eres tu?. Las personas tienden a dar una descripción de si mismas adornadas de cualidades  positivas y adjetivos calificativos que exaltan a una persona que es prácticamente perfecta. También acostumbran a identificarse con su nombre, su edad, profesiones, estatus económicos, asunto que no está del todo mal mas sin embargo, raras veces, se describen a si mismos dando a conocer sus debilidades, sus miedos,  sus manías y rarezas; a lo que a mi parecer, esta muy alejado de la realidad de quienes son. Aquellos que se atreven a demostrar un poco mas allá de lo que la gente esta acostumbrada a escuchar, dejando vislumbrar esas imperfecciones características del ser humano tienden a ser catalogados como personas quizás con problemas de autoestima o que buscan llamar la atención pero, en lo que a mi respecte, son esas pequeñas cosas, esos diminutos detalles los que marcan la diferencia de quienes somos con respecto a los demás.

Comenzar ha relatar quien uno es de una manera sensata no es tarea fácil. Para ello viene dado implícito un ejercicio de introspección donde hay que buscar en nuestro ser cual es nuestra esencia, que nos hace auténticos o distinto de los demás, (mas allá de las diferencias fenotípicas, esta claro) y otro ejercicio de aceptación del ser.

Para poder acercarme a ustedes y ustedes a mi es necesario que hagamos esto juntos. Imaginemos un cuarto, del color que ustedes quieran y con la iluminación que deseen. Yo me imagino un cuarto del color y la iluminación de un anochecer. Ahora, visualicemos que  encontramos a nosotros mismos parados en el medio del cuarto; solos y desnudos. Un mundo donde no importa tu capacidad económica ni tu estatus social. Por los momentos somos un cuerpo pero, debemos ir a mas allá de lo físico si realmente queremos lograr saber quien realmente somos. Entendiendo esto, pasemos a abstraernos un poco mas y eliminemos el cuerpo. Ya no hay cuerpo en el medio de la habitación, solo esta nuestra alma. En este paso, todos tenemos libertad de imaginar nuestra alma de la forma que mas nos guste. Yo por ejemplo, me gusta imaginar mi alma como una pequeña esfera luminosa, de color blanco que se mantiene flotando en el medio del cuarto.

Pues, ya habiendo eliminado las barreras que nos impedían ver nuestro interior, recurramos a analizarnos. Busquemos en lo mas profundo de nuestros sentimientos, emociones, deseos , sueños, miedos y temores, manías, inclusive en nuestra historia, aunque hay que admitir que a veces, nuestra historia no revela del todo quien verdaderamente somos. Atrevance a hacer este viaje dentro de si mismos. Lleguemos hasta la médula de nuestros recuerdos y disfrutemos cada pequeño instantes que nos encontramos frente a nosotros mismos, y en conexión directa con nuestra alma. 

 ¿Ya lo tienen?, yo si. Hay que hacer la advertencia que no todo lo que encontremos en ella puede que sea lindo, aceptado  en los estándares sociales de los que es correcto o inclusive, que nos guste a nosotros mismos pero, el primer paso es aceptarnos. 

Ya teniendo claro esto, hagamos la prueba para verificar si verdaderamente llegamos al meollo del asunto. Volvamos nuevamente a la imagen del cuarto con nuestra alma en el medio de este y ahora, dejemos pasar otras almas de igual forma. Tomemos el cuarto como si fuese una caja. Nuestra caja. Agitemosla de forma tal que todas las almas se desordenan y a simple vista no se diferencian unas de otras. Ahora, el momento crucial es preguntarnos: ¿Cómo identifico cual es mi alma? ¿En qué se diferencia de las demás? ¿La logro reconocer?.

Pues bien, yo logre identificarme. A decir verdad, no se me ha hecho difícil. Soy bastante única con bastante de común diría yo jajaja, pero...eso les tocará calificarlos a ustedes al final. Este es solo el comienzo de nuestra historia y espero que se mantenga en secreto entre nosotros. El siguiente paso: la presentación formal de quien soy. 



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